viernes, 30 de diciembre de 2011

El amor me dejó idiota

-Dos minutos de tu tiempo, nada más- Lo patético de mis palabras me sorprendió; no sólo por lo triste que suena, sino por la lástima que me doy al pronunciarlo. Pero así es la simbiosis, enfermiza; despojos de una relación que mutó cuando el amor ya no fue suficiente, cuando las partes dejaron de conformase con la infelicidad no disimulada.
- ¿Tenés cinco minutos para hablar conmigo?- Más exigente, igual de patética.
Tal vez, lo mejor hubiese sido cortar la llamada antes de seguir mostrando debilidades, incongruencias, entre otras boludeses que implican similar humillación.
- ¿Me querés?- Total, la dignidad la perdí en la pregunta anterior. Lo que me tomó desprevenida fue lo doloroso que es que te mientan en la cara. Cara, metafóricamente hablando, porque en realidad me mentía al teléfono. Otra vez.
- Lo intentemos a tu manera para que funcione- Si, me estaba arrastrando. Te lo aclaraba antes de que preguntes, suele interpretarse erróneamente lo que digo. Además, ¿Quién sos vos para juzgarme? Más vale, no querés que tus trapitos se vean por eso no decís nada. ¿No? Claro, hacete el boludo nomás, como si fueras perfectito…
- No voy a pedirte ser prioridad en tu vida- Si, seguí arrastrándome; es casi un deporte para mi. No se lo iba a pedir, queda feo pedir algo así. Creía que venía en el paquete… pero me faltaban piezas.
Pero mirá vos, que triste. Contándole mi mierda a alguien que no conozco. Mi vieja me diría que no te hable…
Un placer, señor Walker. Bonita silueta tiene, usted.
No me jodas, si quiero llorar voy a llorar, total después no manejo.
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